Vindicación de los derechos de la mujer, un clásico de lo más actual

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Vindicación de los derechos de la mujer
Desde que leí Memorias de una salvaje, he ido a full con Srta Bebi.
Por eso, al ver que había editado este clásico con Penguin Random House no me pude resistir y me hice con él. Se trata del texto feminista de Mary Wollstonecraft que ya conocemos, pero lleva un prólogo y un epílogo escrito por Bebi, además de numerosas anotaciones a lo largo del texto.

Estamos ante un ensayo escrito en el contexto de la Revolución Francesa, lo curioso es que muchas de las reivindicaciones de Mary siguen estando de lo más vigentes (por desgracia). Wollstonecraft no empleó en sus propios trabajos la argumentación formal o la prosa de estilo regido por la lógica, común en la escritura filosófica del siglo XVIII.
Vindicación de los derechos de la mujer es un ensayo extenso que introduce en los primeros capítulos todos los temas principales para luego volver sistemáticamente a ellos, cada vez desde un punto de vista diferente. La obra adopta además un tono híbrido que combina el argumento racionalista con la retórica apasionada del sentimentalismo.
No estamos ante una novela, no es un texto de ficción ni nos cuenta una historia. Lo que quiero decir es que es una lectura algo densa. Podría incluso resultarte aburrida si no estás acostumbrada a este tipo de textos (no ha sido mi caso, porque no es el primer ensayo que leo).
Me ha sorprendido lo actuales que resultan algunas reivindicaciones, teniendo en cuenta que este ensayo se publicó en 1792. Esta es la intención de Bebi desde el principio, que nos demos cuenta de lo mucho que falta por cambiar todavía.
Si te gusta el feminismo como tema, si quieres formarte en esto y saber más de su historia y de cómo se ha coartado a la mujer, este es tu libro.

Si buscas un libro entretenido, una lectura ligera y divertida, pues no. Así de fácil.

“En resumen, los niños y las niñas jugarían juntos sin causarse daño, si la distinción de sexos no fuese inculcada mucho antes de que la naturaleza marcase alguna diferencia. Iré todavía más lejos y afirmaré como hecho indiscutible que a la mayoría de las mujeres del círculo que he podido observar que se han comportado como seres racionales o han dado muestras de algún peso intelectual, se les ha permitido accidentalmente <<descarriarse>>, como insinuarían algunos de los elegantes educadores del bello sexo.”