Magia en tus brazos, una novela fresca para este verano

Divorciarse en el Londres de 1889 no es precisamente fácil. Elizabeth Simmons lo sabe perfectamente, pero tiene claro que quiere terminar con su matrimonio. Su decisión no es muy bien aceptada por la sociedad londinense, ni siquiera por sus padres. 

Pero lo que no se esperaba Elizabeth es que su hasta ahora marido Lord Ashton secuestrase a su hijo y se lo llevase lejos de ella. Claro que, para la legislatura londinense de la época, está haciendo algo perfectamente legítimo.

Gracias a una de las múltiples amantes de Lord Ashton, Elizabeth consigue descubrir que su marido y su hijo están en Venecia. Nuestra protagonista decide viajar hasta la ciudad italiana, pero una vez allí se da cuenta de que sus posibilidades de recuperar a su hijo son muy pequeñas: no sabe italiano, no conoce la ciudad y las leyes están en su contra.

“Una mujer se casa, da a luz a sus hijos y adquiere la obligación de cuidarlos y educarlos hasta que se conviertan en hombres. Hasta que hereden los títulos y las propiedades de su esposo. Pero si antes de ese momento decide divorciarse, entonces pierde todo derecho a ser su madre.”

En 1889 que un hombre casado tuviera varias amantes era algo perfectamente normal e incluso lógico. No estaba contemplado como un motivo para el divorcio, aunque sí lo era que la esposa tuviera un idilio. Pero Elizabeth se cruza con Nicholas del Piero, que se apiada de su situación y está dispuesto a ayudarla.

Nicholas del Piero es un atractivo ilusionista, el azar ha querido que vaya a realizar un espectáculo privado en el palacio en el que se encuentra Lord Ashton y le propone a Elizabeth que sea su ayudante durante la función. 

Nuestra protagonista acepta, aunque con la esperanza de encontrar otra solución antes de que llegue la noche del evento. 

Sin embargo, Elizabeth es una fina señorita inglesa. Su educación y sus modales no casan con los que debe tener la ayudante de un mago, Nicholas intentará ayudarla a relajarse y le enseñará los entresijos de un espectáculo de ilusionismo.

“Elizabeth no era asombrosa ni extraordinaria, y jamás lo sería. Se sintió más insegura que nunca, y adquirió una postura más recta en la butaca, más digna de la dama que era. De lo único que podía ser.”

Paralelamente a la historia de Elizabeth y Nicholas, también viviremos un poquito de la de Fazio e Ilaria (debo decir que ha llegado a gustarme más esta historia que la principal, y me he quedado con ganas de saber como termina). 

Fazio es el mecenas de Nicholas, y también un buen amigo. Fazio no es un hombre común para la época, su joroba y su fealdad hacen de él una persona insegura que no cree posible tener una relación amorosa. Sin embargo, se trata de una persona culta y muy amable.

He de decir que al principio me resultaba molesto que se resaltase continuamente la fealdad de Fazio, pero comprendo que en la sociedad del siglo XIX no estaba aceptado un físico tan poco normativo.

Ilaria es una vieja amiga de Fazio, no se nos explica cómo se conocieron, pero a lo largo de la historia es evidente la afinidad que sienten el uno por el otro. Evidente para el lector, pero no para Fazio, que se desprecia de tal manera que no puede imaginar que una mujer quiera estar con él.

“Ese dolor empeoraba al recordarse que Ilaria jamás se sentiría atraída por él; al menos, no por otra cosa que no fuera su intelecto. Su deslumbrante intelecto y su extensa cultura, sí, que nunca le granjearían el verdadero amor de una mujer…”

Desde aquí quiero hacer un llamamiento a Belén Urcelay y pedirle que nos cuente la historia completa de Fazio e Ilaria, y ya de paso felicitarla por esta primera novela con Phoebe Romántica (aunque realmente no es su primera novela).

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