El cuento de la criada leído en confinamiento

Como la gran mayoría, vi la adaptación de El cuento de la criada sin haber leído la novela ni saber de su existencia. La novela homónima de Margaret Atwood fue publicada en 1985 y se la califica como una distopía. Es un género que repuntó bastante desde la publicación de Los juegos del Hambre y que con los años se ha vuelto cada vez más frecuente.

Tras ver varias temporadas de la serie, quise leer la novela pero no ha sido hasta hace unas semanas que ha caído en mis manos.

Ha querido el azar, que lea esta novela cuando Europa se encuentra inmersa en una emergencia sanitaria. Lo resalto porque la situación actual afecta indudablemente a mi percepción de según qué frases en la novela. Evidentemente el cambio social que en este momento estamos sufriendo no se asemeja al de la novela. Pero es un cambio social al fin y al cabo.

La novela se sitúa en la República de Gilead, un lugar en el que un grupo de políticos teócratas toma el poder. Entre sus primeras medidas se incluye la supresión de la libertad de prensa y los derechos de las mujeres. Nuestra protagonista es Defred (será la única de la que nunca sabremos el nombre real, aunque en la serie se da por hecho que se trata de June).

A través de su mirada viviremos como es esta nueva sociedad , que incluye un régimen que controla con mano firme todos los detalles de la vida de las mujeres: ya sea su vida sexual, su alimentación, su indumentaria, su vida laboral (nula en este nuevo régimen) o su dinero (ya que cuando este régimen se instaura las mujeres pierden el derecho a tenerlo siquiera). 

Pero, aunque el gobierno así lo crea, nadie puede dominar completamente a una persona. Siempre quedará un resquicio de libertad, en el caso de Defred éste incluye su pensamiento y sus deseos. Porque, incluso en este contexto, sigue teniendo deseos.

Algunas de esas conexiones que he encontrado entre el cambio social que estamos sufriendo actualmente y el que se sufre en Gilead es la fragilidad del concepto de normalidad. No es difícil ver estos días que hemos instaurado una “nueva normalidad” y Defred también lo vive. Claro está que la suya es mucho más cruda y desoladora.

“Lo normal, decía Tía Lydia, es aquello a lo que te acostumbras. Tal vez ahora no os parezca normal, pero al cabo de un tiempo os acostumbraréis.Y se convertirá en algo normal.”

A lo largo de la novela se hace hincapié en varias ocasiones en el concepto de normalidad y como éste muta y cambia según el contexto.

“¿Así vivíamos entonces? Pero llevábamos una vida normal. Como casi todo el mundo, la mayor parte del tiempo. Todo lo que ocurre es normal. Incluso lo de ahora es normal.”

Nos encontramos ante un régimen extremadamente religioso y centrado exclusivamente en la figura del hombre. Son ellos los que tienen el poder y las mujeres (sea cual sea el puesto que ocupen) se limitan a servirles de distintas formas. La figura de la “criada” es sumamente machista, pero no se quedan atrás las marthas e incluso las esposas. Además, se nos muestra también la figura de las “econoesposas” (que en la serie no se mostraba) que nos dan a entender que se ocupan de las funciones de las tres anteriores. Personalmente es una figura que me gustaría ver con algo más de profundidad para comprender su complejidad.

Sin embargo, Defred no pierde oportunidad para hablarnos de ese feminismo ya extinto que vivió antes de la llegada de este nueva sociedad. La madre de Defred era una mujer con un fuerte activismo feminista y nos habla a menudo de ella.

“Un hombre es, sencillamente, el instrumento de una mujer para hacer otras mujeres. No digo que tu padre no fuera un buen chico y todo eso, pero no estaba preparado para la paternidad. Y no es que yo pretendiera eso de él. Haz tu trabajo y luego esfúmate, le dije, yo tengo un sueldo decente y puedo ocuparme de ella.”

En definitiva, El cuento de la criada es una novela de ficción que se basa en premisas muy realistas y que nos hará mirar las cosas de otra manera.

Puntuación: ★★★★★

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